lunes, 14 de septiembre de 2015

Lobo y yo


     Fui de esos niños que tenían amigos imaginarios. Era un lobo. Gigante, peludo, de color gris, con sombrero negro. A ratos caminaba en dos patas, a ratos en cuatro. Conversábamos y jugábamos mucho y fue mi compañero hasta que tuve como 30 años... bueno, exagero con lo de los 30 años. En verdad no me acuerdo cuando fue que desapareció. 

     Recuerdo sí que siempre me gustaban los lobos en los cuentos infantiles. En Caperucita Roja sobre todo: tenía un libro de tapa verde y me encantaba la doble página donde salía el lobo vestido con el camisón de la abuela. Me encantaba la idea de que la abuela y Caperucita estuvieran adentro de su panza y odiaba al leñador. Me daba lata que siempre fueran los malos de los cuentos, si al final eran solo animales que respondían a su conducta animalesca. Pero con todo lo que me gustaban, nunca enganché con esa figura misteriosa y abakanada del hombre lobo, del lobo estepario, del lobo solitario. De grande conocí a una niña que me hablaba todo el rato de "mujeres que corren con los lobos" y del significado místico de ellos y las mujeres y blablabla. Tampoco enganché nunca.
Me gustan los lobos porque son el recuerdo de mi infancia y nada más.

     ¿Por qué les cuento todo lo anterior? Poooorque tuve que diseñar una firma para mis dibujos (después les contaré por qué y para qué) y estuve dándole hartas vueltas a la tipografía para hacerme una firma que me gustara, hasta que al final me diseñé mejor una especie de logo. 

     También les dejo unos dibujos antiguos :-)

















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